¡Misión cumplida amigo Carlos! No es más que un hasta luego

Dicen que la primera vez que vas a un campamento es imposible, durante la primera noche, no mirar al cielo y contemplar las estrellas que son como los amigos, siempre están allí aún cuando no los veas.

Y a Carlos no lo veía hace varios meses, seguramente muy ocupado en su labor como Serenazgo del distrito de Santiago de Surco. «Calín», como yo le llamaba, siempre fue una persona trabajadora y la vida le daría oportunidades para dedicarse a labores tan diversas como la mecánica de autos, la seguridad ciudadana, catequista, voluntario, el retail o el fascinante mundo de los vinos.

Y es que la vida es así, a veces tan diversa y compleja como cuando intentas ordenar las estrellas del cielo en cualquier noche de campamento. Los caminos de la vida te llevan por situaciones de subida y bajada, como un inevitable columpio al cual simplemente tienes que sostenerte fuerte y dejar que el tiempo se encargue del resto.

Hace unos días me llamaron por teléfono para decirme que a mi buen amigo Carlos lo habían trasladado de emergencia al Hospital Rebagliati, lo más triste es que no sólo a él sino también a su hermano y su madre.

En este tipo de situaciones es que uno intenta explicarse porque la vida pone a ciertas personas en este tipo de desafíos, como si la valla fuese cada vez más alta, como si la altura del columpio no fuese ya suficiente. Ayer dieron de alta a su hermano mayor pero hoy en la mañana recibí un mensaje de su hermana diciéndome que había fallecido y también su Mamá.

Quiero escribir esta publicación porque deseo rendir un pequeño homenaje no solo porque es y será mi mejor amigo sino porque fue también aquel Jefe Scout de Barranco que se levantaba a primeras horas del día para contribuir en la formación de cientos de jóvenes para dirigir un campamento, una excursión o una caminata, aquel amigo que no le importaba el día ni la hora para dar una mano a quien más lo necesitaba, el Lobato que alcanzó el Lobo Rampante, aquel Catequista quien dedicó muchos años de esfuerzo en prepararse y predicar la Palabra de Dios, aquella persona que daba la Comunión con su pañoleta scout al terminar cada Misa de las siete de la noche del día domingo. Todo ello y mucho más sin esperar nada a cambio como bien lo dice el tercer artículo de la Ley Scout.

Ya pronto nos volveremos a encontrar, viejo, en el campamento eterno, tu seguro nos estarás esperando con aquel viejo uniforme caqui con tu pañoleta de Barranco 103 o de Barranco 44 como en tantos campamentos.

Volveremos a recordar miles de anécdotas junto a Jorge, Sofía y Juan, de aquellos campamentos en Matucana o Chosica. Me buscarán otro viernes por la noche para irnos de campamento en el DeLorean de nuestro amigo Jorge, automóvil y testigo de tantas aventuras y anécdotas.

Seguramente te volveremos a ver en tu moto eléctrica que te compraste con tanto esfuerzo y te veremos pasear por las calles de Barranco y Surco o iremos con Jorge hasta tu centro de trabajo y te visitaremos como tantas veces en las primeras horas de cualquier primero de enero aunque sea brevemente para acompañarte y brindar aunque sea con una taza de café caliente.

No quiero responder llamadas, no quiero contestar WhatsApp, déjenme recordar a Carlos, aunque sea un momento más y saber que se encuentra bien, que sólo está descansando para volver a luchar y se está sosteniendo fuerte a aquel columpio, una vez más.

Tu amigo de siempre, Enrique Polo

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